18 mayo, 2008

Hígados hepáticos



La foto se extrajo de www.canonistas.com.




El domingo pasado en "Tiempo gourmet" leí un comentario critico en relación al matrato a ciertos animales con fines comerciales, el mismo es acompañado por una imágenes que evocan las prácticas utilizadas para obtener dicho foie gras. Luego, ese mismo día, en la cotidiana lectura por espacios y foros gastronómicos, en el medio de un intercambio de opiniones sobre la "alta cocina "me encontré con un comentario que decía lo siguiente: "La mejor imagen que se me ocurre para representar ese secreto al que hay que mantener encerrado dentro del pequeño círculo de los que pueden, es la foto del puñado de epicúreos que saborean sus ortolans en sarcoffage con sus caras cubiertas por velos: un grupo de cuasi-monjes que detrás de sus capuchas mastican ferozmente las cabezas de esas avecitas tan haraganas que prefieren la muerte a cambio de una vida efímera de ser cebadas hasta el hartazgo." Ante esta respuesta, mi primera reacción- quizás influenciada por lo visto unos minutos antes- fue contrarrestar: “Los patos y gansos no eligen una vida Fois Gras”.

Inmediatamente después, y apresuradamente, titulé un nuevo post como: “Plumiferos sobrealimentados, niños desnutridos" y dije lo siguiente : “Dado que los hábitos alimentarios expresan una mirada sobre el mundo, y los alimentos son portadores de un gran valor simbólico; uno podría preguntarse: ¿Qué modo de ser del hombre en el mundo permite y avala el consumo de Fois Gras?(…)”. La intención de esta intervención, un tanto abrupta, era incitar a la reflexión sobre las razones que guían al hombre que elige estas practicas culinarias, indagar en el éxito de este “fenómeno culinario" cuyos orígenes se remontan al antiguo Egipto. Sin embargo, me di cuenta que había cometido un error, la veloz asociación entre la desnutrición infantil y la sobrealimentación de patos y gansos para las delicias de la “alta cocina” era un golpe bajo. Y así- correctamente- me lo marcó otro participante del foro que manifestó: “No me venga con falsas opciones, Lautreamont. Desde el pasado existen patrones horizontales de alimentación: lo que comían los ricos en una parte de los continentes, se parecía mucho a lo que comían los ricos de la orilla opuesta. De igual manera, los pobres se morían similarmente de hambre en cualquier meridiano. (…) Hoy la situación no se ha modificado. Por mi parte, trato de pensar y de comprender. Y cada vez que un desnutrido llama a mi puerta y me pide algo de comer, le preparo un sándwich (…) En cuanto al foie gras (…) por favor, no me meta a los chicos desnutridos en el medio, que no son producto de ningún modo de ser de quien engorda patos y gansos para comerse sus hígados, sino de diversos hijos de puta que hacen cosas inenarrables.”.

Como dije antes, me di cuenta del error y me retracté, sin embargo no pude evitar quedarme con la duda. ¿Es posible leer en la relación que entabla el hombre con el resto de los seres vivientes, la misma cosmovisión o modo de ser que permite la perpetuidad del hambre en las sociedades contemporáneas?. En la actualidad, la asociacón entre el culto culianrio al sabor de higados diabéticos y el hambre, ¿es tan disparatada?.

El debate está planteado.




11 comentarios:

Jorge Schussheim dijo...

Lo corrijo Lautreamont: ambas respuesta a lo posteado por usted en elcueropdecristo.com fueron mias.

Jorge Schussheim dijo...

Lautreamont:
no en todos los criaderos de gallinas, no en todos los cebaderos de pato moulard, no en todos los mataderos de reses sucede lo que se ve en ese video del link que usted pone.
Los norteamericanos han descubierto hace un tiempo la correción política y la enarbolan a lo bestia, como tantas otras modas en las que cae muy especialmente esa sociedad, en la que es políticamente incorrecto llamar a los enanos con esa palabra, debiéndose utilizar el término "vertically impaired".
La cacería de brujas no cesó en Salem o con McCarthy: los gringos adoran encontrar causas y magnificarlas hasta el infinito: el horror al aspartame (antes enaltecido); la pasión por PETA y otros ejemplos ridículos abundan.
He visitado cebaderos de patos en España y en Israel y nada de esa crueldad de la que alardean los defensores de los derechos animales, existe.
Por otro lado admito que he conocido algún matadero de vacas aquí, en la Argentina, en los que comenzaban a cuerear a animales todavia vivos.
No me cabe el espanto de los tilingos que dejaron que New Orleans se sumiera en la mierda, frente a esas pobres gallinas maltratadas,
Los Estados Unidos de Norteamérica, pais admirado por mi en muchos de sus aspectos, tiene demasiadas deudas con los derechos humanos como para dedicar su repulsa a condolerse de las gallinas. Primero lo primero.
Como buena noticia, le comento que desde hace un par de dias y después de dos años de estricta prohibición, ha vuelto el foie-gras a los buenos restaurantes de Chicago.
Será por su pasado gangsteril, dirán algunos, no?

Lautreamont dijo...

Estimado Jorge Schussheim,

No me cabe duda que deben existir establecimientos dedicados a la producción de foie gras que cumplan con todos los requisitos que exigen las Buenas Prácticas de Manufactura. Imagino que en ellos, los patos o gansos se sobrealimentan adecuadamente, y se los cuida y protege hasta que llegue el momento de matarlos utilizando técnicas prolijas, e higiénicas. También es indiscutible que, tal como afirman los grandes historiadores de las prácticas culinarias, el consumo de foie gras no es una práctica que surja con la modernidad y data por lo menos del antiguo Egipto. El goce y el culto al hedonismo forman parte de la historia de la humanidad y las búsquedas de experiencias gastronómicas excitantes y distintivas data de tiempos inmemoriales.
Sin embargo, en esta etapa de la historia del ser humano-que no se si calificar de moderna, tardío moderna o post moderna- la necesidad de experiencias conmovedoras adquirió una importancia central. En este marco, los medios que se utilicen para obtener una cuota de “placer “se diluyen y justifican en un discurso que promete un poco de sabor en un mundo desabrido. El éxito del foie es sólo un ejemplo de este modo de ser del hombre contemporáneo. De modo tal, que no se trata aquí de adscribir a causas “ridículas” que en determinadas sociedades puedan operar como cortinas de humo para evitar debates más de fondo. Sino de problematizar el valor simbólico de ciertos modos de consumo alimentario. La idea no es enarbolar banderas en defensa de los pobres animalitos mientras hay cuestiones de fondo que son más preocupantes. Resulta claro, que si todos aquellos que consumen foie gras dejarán de hacerlo el mundo seguiría siendo tan injusto como lo es en la actualidad.
El punto es preguntarse hasta que punto las sensaciones novedosas y los placeres sápidos justifican las prácticas que se utilizan para obtener los productos que las proporcionan. Interrogarse por la naturalización de ciertos modos de ser que en principio pueden ser discutibles. En este sentido el consumo de foie gras expresa una racionalidad que si no es la causa última del hambre y miseria que reinan en el mundo actual, al menos sirve como un punto de partida para pensar la cosmovisión del hombre contemporáneo que permite la coexistencia del lujo desmesurado y la exclusión más cruda de los últimos tiempos. Una vez más, la pregunta apunta a un modo de ser del hombre en general y no a golpear abajo a un sujeto en particular que disfrute del famoso hígado de pato. En otras, palabras de develar la estructura que posibilita el éxito de estas prácticas.
En el consumo de foie, como en el fenómeno gourmet en general se juegan cuestiones que van más allá de una moda culinaria, que sólo se pueden abordar desde un debate multidisciplinario que lo analice desde distintas miradas. El consumo de foie gras no puede ser pensado sólo como una consecuencia del sabor del mismo. O en todo caso si es así, convoco a lectores, contribuyentes y al que guste hacerlo a debatir sobre “ el gusto”

Le agradece sus comentarios.

Lautreamont.

Jorge Schussheim dijo...

Estimado Lautremont: seríamos dos tontos si estuvieramos polemizando simplemente por el foie-gras. Este fué una simple excusa que nos ha traido hasta este momento en el que la discusión se pone más interesante.
No sé porqué pone usted tanto el punto en el mundo actual, al que no califico como postmoderno o vaya uno a saber como que, sino como brutalista.
Pero este brutalismo que impera en todas las sociedades actuales tampoco es nuevo. Lo que son nuevos son los métodos de comunicación y las armas. El comportamiento de los humanos no es diferente a lo que era en el Egipto original de las ocas cebadas para el Faraón.
Es cierto que hoy reina el hambre y la miseria.
Pero habia mucho más hambre y miseria en cualquier otra época.
Sin remontarme a las hambrunas históricas de la edad media, en las que en España se cantaba "hoy comamos y bebamos y cantemos y holguemos, que mañana ayunaremos"; en la Inglaterra victoriana un empleado (no un obrero: un empleado que trabajaba en un escritorio bajo techo) sólo podia comprar pan negro y carbón para alimentar a su familia. No accedia ni al aceite ni a la leche ni a ninguna otra cosa.
Pero vuelvo a su interrogante.
Quizá sea lel mismo brutalismo en la que estamos inmersos la que nos dirija a la búsqueda de placeres sensoriales. Este brutalismo que impera en el mundo desde la desaparición de las utopias, desde la pérdida del equilibrio entre la realidad y las esperanzas de cambio.
Ser brutalista es reconocer inconciente o concientemente que la situación actual sólo empeorará.
Como lo dijo con magistral síntesis monseñor Podestá el 9 de noviembre de 1989, respondiendo a la pregunta del periodista que quería saber que opinaba sobre la caida del muro de Berlin: "Cagamos".
Después de eso poco importa el foie-gras

Lautreamont dijo...

Estimado Jorge Schussheim,

Comparto sus dichos, y si insito tanto en la " actualidad" es justamente porque creo que a pesar de haber avanzado en muchos aspectos "técnicos " el ser humano no ha evolucionado y la vigencia del hambre en un contexto tecnológico que permitiría reducirla es un síntoma desde el que se puede problematizar la idea de progreso.
También creo que la búsqueda desmesurada de experiencias sensoriales se inscribe en un contexto de anomia y falta de marcos regulatorios. Gilles Lipovetsky, sociólogo que aclaro no me cae muy simpático, problematiza estas cuestiones en su análisis de la “hipermodernidad “. Pero es todo un tema de debate.
En cuanto a la caída de las ideologías, lo dejo para una próxima entrada.

Jorge Schussheim dijo...

Lautreamont: Lipovetsky es filósofo, no sociólogo.
He leido El imperio de lo efímero (creo que ese era el título) y recuerdo que no me impresionó demasiado.
Claro: estaba de super-moda en esos años de fines de los '80, al igual que Alain Minc, Benoit y los pensadores de la nouvelle droit. Usted cree que fueron beneficiosos para la humanidad? Yo creo que al igual que con el pensamiento de Fukuyama, para nada.
O por ahi si: beneficiosos para poder refutarlos.

Lautreamont dijo...

Estimado Jorge Schussheim,

En primer lugar puede ser que tenga razón y Lipovetsky sea filósofo y no sociólogo. Espero que sus correcciones me enseñen a controlar mi ansiedad cuando escribo. El motivo de mi error fue éste, y no chequear la información. De todas formas no me queda claro del todo, porque en la contratapa de “Gilles Lipovestzky. Los tiempos Hipermodernos, Anagrama, 2006” se refieren a este caballero como sociólogo. A su vez, en una entrevista que le realizaron para el diario El País lo definen como filósofo y sociólogo. A continuación le adjunto el copete: “Desde un discurso antidogmático y discutido, Gilles Lipovetsky (1944) ha analizado la función individualizadora de la moda y del "lujo emocional", el fin de la posmodernidad o la aparición de la "tercera mujer". En los ochenta se consagró como uno de los sociólogos y pensadores franceses más influyentes, con obras como La era del vacío o El imperio de lo efímero. Ahora acaba de publicar Los tiempos hipermodernos (Anagrama) y de clausurar el congreso Malísimas (Brujas, sensuales y creadoras) en Octubre Centre de Cultura Contemporània de Valencia". Y...finalemnte en la enciclopedia libre “Wikipedia” lo definen como: un sociólogo francés, Profesor agregado de filosofía en la Universidad de Grenoble y Miembro del Consejo de análisis de la Sociedad, además de otros cargos oficiales.”

En segundo lugar, en cuanto a mis opiniones sobre Lipovestzky, comparto con usted que no es un pensador beneficioso para la humanidad ni mucho menos. Pero sí, tal como usted sugiere, creo que puede resultar muy interesante para pensar esos enfoques y desmontarlas o refutarlos. En cuanto Fukuyama, a mi entender, José Pablo Feinmman se ha ocupado muy bien de refutarlo en varias oportunidades.

Saludos Lautreamont.

Lautreamont dijo...

Además debo decir que cite o traje a esta conversación a Lipovetsky porque sus dichos en la entrada anterior: “Quizá sea el mismo brutalismo en la que estamos inmersos lo que nos dirija a la búsqueda de placeres sensoriales. Este brutalismo que impera en el mundo desde la desaparición de las utopías, desde la pérdida del equilibrio entre la realidad y las esperanzas de cambio” me recordaron a ciertas palabras del filosofo. A continuación le adjunto las mismas: “Lo que yo llamo sociedad de hiperconsumo es la que ve la corrosión de los antiguos encuadramientos de clase y la aparición de un consumidor voluble, fragmentado y desregulado. Al mismo tiempo presenciamos al auge de un consumo mucho más experiencial o emocional que estatutario “( Gilles Lipovetsky, Los tiempos hipermodernos, Anagrama 2006, pg 128).

PD: Le aclaro para que no se ofenda, que con esto no pretendo afirmar que usted adscribe a este pensamiento ni mucho menos, resulta evidente que no es así. Simplemente quería señalar cómo, en ocasiones, filósofos tan antipáticos como Lipovetsky pueden resultar útiles para pensar determinados fenómenos.

Saludos. Lautreamont.

Anónimo dijo...

¿Higados hepáticos? al menos es sólo una redundancia y no un error ortográfico como "hépaticos", en sobreesdrújulas.
Un próximo texto podría hablar de los pasteles de riñón renal, o de las migrañas en la cabeza.
Ojo, no entiendo mucho de lo que dicen, a pesar de que creo estar de acuerdo; así que no empiecen a ametrallarme con citas de poetas y filósofos. Mis respetos.

Lautreamont dijo...

Estimado carajito,
Gracias por sus cometarios, en base a sus correctas correcciones corregiremos los errores. En cuanto a la redundancia estamos trabajando en ello, pero nos está costando un poco.
Saludos. Lautreamont

Jorge Schussheim dijo...

carajito: en realidad Lautremont quiso escribir "patos hepatomegálicos" pero le sonó muy cacofónico y optó por el pleonasmo. Discúlpelo, pero está muy sobrecargado polemizando conmigo.